Cicatrices
Cuando lograron abrir la puerta del departamento, descubrieron la razón por la que les fue tan difícil acceder. El acceso estaba completamente bloqueado por muebles…
Intoxicado en alcohol, se sentó en una silla descompuesta por el tiempo, suspiró profundamente mientras veía los primeros rayos de luz entrar por su ventana, en una nueva mañana que él no conocería. Inició entonces el complicado procedimiento, recordando al momento de hacer la incisión todos aquellos momentos de júbilo, rebosantes de alegría, en los que creyó tan a menudo estar soñando, aquellos momentos en que sólo le bastaba besarla para deslumbrarse con el brillo de sus ojos y descubrir que no se trataba de más sueño que de la realidad más burda e inconcebible, que ella era real, que todo aquello era real. Descubrir que se encontraba a su lado y que no hacía falta pedir ni buscar nada más, pues por un momento lo tenía todo, justo ahí, junto a él, mirándolo, analizándolo, evaluándolo, juzgándolo, pero queriéndolo; después de todo, cada vez que él creía estar soñando de nuevo y trataba de distraerse en cualquier detalle insignificante, trataba de olvidarse de ella por un instante sólo para ver si desaparecía de pronto, descubría con gran gozo que ella continuaba ahí, que no se iba, y que seguía observándolo con ésa lástima que él siempre ignoró.
Terminó la incisión finalmente y dejó descansar el bisturí sobre la mesa de roble ocre rescatada de alguna hacienda en ruinas, olvidada desde épocas de la revolución por quienes alguna vez la habitaron. Suspiró nuevamente con cierta melancolía y le dio otro trago al tequila intentando inútilmente ahogarse en el olvido, pero la música de mariachi y la sangre que rodaba por su torso y se escurría hasta sus tobillos sólo le hicieron recordar todo el dolor al que se sometió cuando ella lo dejó, sin querer realmente evitarlo.
Recordó lo mucho que se negó a olvidarla y a dejarla ir, incluso cuando ella le dijo que no quería verlo más. Le resultaba imposible creer que el amor pudiera irse así como así, que las personas pudieran dejar de querer de un día para otro. Pobre ingenuo, que poco sabía del amor, a pesar de creer saber tanto, pobre tonto que poco conocía a las personas, a pesar de intentar vivir toda su vida como un simple ser humano.
Recordaba con angustia aquella tarde en que estuvieron en su casa, cuando le propuso ver una película que en verdad tenía ganas de ver, por su muy particular fascinación por el género que caracterizó a ese director y lo consagró como “el maestro”. Aquella tarde cuando entre una caricia y otra logró arrebatarle aquel beso al inicio de la película, después de los créditos iniciales, y del que despertaron ambos sólo en el momento en el que el ambiente de aquel romance se vio interrumpido cuando ella se quedó pasmada al escuchar una tonada familiar.
Introdujo la mano en la herida y sintió el palpitar bajo su piel.
Desconcentrado por la forma en que ella pareció desconectarse de pronto decidió abrir los ojos, al tiempo que el beso cesaba, y fue en ese instante, con los labios aún enredados que ella suspiró hacia adentro, y él pudo ver el momento en el que sus ojos se abrieron un poco más de lo normal y parecieron salirse de sus órbitas hasta casi tocar los suyos, entonces le preguntó: qué pasó? – y ella exclamó pasmada: ya se terminó la película! -- .
Él rió hacia sus adentros, pues estaban ambos tan sumergidos en aquel beso tan apasionado que se olvidaron por completo de la película, y ésta terminó antes que aquella demostración tan auténtica de cariño. No podía creer que aquel momento fuera real, que el objeto de todos sus sueños y anhelos fuera real, que estuviera en ese momento compartiendo tiempo y espacio con él, y que se entregara de tal manera, pero por más intentos que hizo, no logró concebir aquello como un sueño, era tan real como el aire que respiraba.
Extrajo con gran esfuerzo el objeto de aquella cirugía casera, y dejó escapar un gran gemido de dolor. Intentó tomar con su mano izquierda la botella de tequila pero le faltaron las fuerzas para sostenerla y sólo pudo verla caer lentamente hasta estrellarse con el piso de mármol negro que cubría todo el departamento, al tiempo que recordaba aquella trágica tarde, aquel último momento en que estuvieron juntos, cuando él supo que todo había terminado y ella decidió engañarlo y jugar con sus sentimiento una vez más. Aquella tarde en que de pronto sintió que no la vería más y no pudo evitar sentir la mayor tristeza de su vida; aquel momento en que ella notó su pesar y le preguntó tiernamente: qué tienes? --.Él se dio cuenta en ese momento de lo vulnerable y transparente que se había vuelto ante ella, pues ahora ella lograba ver sus sentimientos, era consciente de su estado de ánimo; y a pesar de que él intentó negar que algo le angustiaba enormemente, ella insistió con la certeza de que algo no andaba bien. Y fue tanta su insistencia que él acabó dándose por vencido y finalmente le confesó: es que…siento que no me quieres… --. Ella se ofendió con aquel comentario y fue tal su indignación, tal vez por lo transparente y vulnerable que ella era, que intentó desmentirlo y se lanzó sobre él con el más tierno y apasionado beso, con tanta fuerza y entrega que incluso le lastimó los labios. Al terminar lo vio fijamente a los ojos, hasta lo más profundo de su alma, como sólo ella sabía, y con el mayor desden y la mirada más desafiante le cuestionó: eso es no quererte?...
Sobra describir la alegría que él sintió, la seguridad que le inyectó, la angustia que le borró, el miedo que en ese instante perdió, lo amado que se sintió, tan gratamente correspondido.
Al día siguiente, sin más, ella lo dejó, le dijo que nunca le había querido, y que no quería saber nada más de él.
Él no tuvo la oportunidad siquiera de verla mientras le decía estas cosas, de intentar hallar en sus ojos la verdad, no mereció jamás una explicación, nunca la tuvo, y jamás entendió. Sólo había una forma de saber si aquel amor había sido real, pues incluso llego a dudar que ella existiera en realidad, tal vez solo había sido un invento de si imaginación.
Comenzaba a perder toda sensación, los pensamientos dejaban de fluir, la pena comenzaba a cesar al serle casi imposible construir un recuerdo, su cuerpo se desplomó sobre la mesa y sintió como la temperatura comenzaba a descender, el palpitar de su mano derecha lentamente se extinguía junto con su vida, que fluía por el suelo de mármol negro formando una laguna de sangre y tequila.
Hizo un último esfuerzo y levantó la mirada hasta que logró enfocar el objeto que su mano derecha sostenía con fuerza, objeto de aquella cirugía casera auto-practicada, y en un suspiro final logró esbozar una sonrisa en su rostro.
Tras un par de horas los vecinos hallaron insoportable el volumen de la música y llamaron a la policía, quienes agotaron su paciencia intentando obtener respuesta desde el interior del departamento, y tras mucho patear la puerta acabaron dándose por vencidos, pues por más que trataran, la puerta parecía no estar dispuesta a ceder a su fuerza, de modo que terminaron por llamar al cuerpo de bomberos, quienes hicieron uso de su equipo y herramientas para forzar la entrada.
Cuando finalmente lograron abrir la puerta del departamento, descubrieron la razón por la que les fue tan difícil acceder. El acceso estaba completamente bloqueado por muebles que se apilaban formando un gran muro de contención, libreros, sillones y mesas dificultaban el paso incluso después de que la puerta había sido reducida a astillas. Al cabo de unas horas se las ingeniaron para abrir camino, pues por lo estrecho del corredor no había mucho espacio para maniobrar el desalojo de los muebles, apenas y lograron crear un túnel a base de hachazos para que un miembro del cuerpo de bomberos ingresara al departamento. Al llegar a la estancia se dirigía hacia el estéreo para ponerle fin al escándalo que los hizo acudir a tan temprana hora de la mañana, bastante molesto por la dificultad presentada al intentar entrar.
Pero quedó paralizado al descubrir con asombro el motivo por el que el ruido no cesaba, la razón por la que la puerta estaba bloqueada y nadie parecía responder en el interior del lugar.
El comedor entero se encontraba cubierto de un líquido escarlata que dejaba apenas entrever el mármol negro que cubría todo el piso del departamento. Sentado sobre una silla descompuesta por el tiempo, y recostado sobre una gran mesa antigua de roble ocre, seguramente rescatada de alguna hacienda en ruinas, olvidada desde épocas de la revolución por quienes alguna vez la habitaron, yacía el cuerpo inerte de algún desafortunado joven, cuyo líquido vital cubría gran parte del departamento, su vida debió fluir en ríos de vida y de muerte desde la incisión que dividía su pecho en dos.
Pero su sorpresa fue mayor al descubrir la sonrisa en el rostro de este joven, quien observaba fijamente su mano derecha, la cual sostenía con fuerza su propio corazón, en el cual, se leían como cercenadas a manera de cicatriz las iniciales “C.M.L”
Intoxicado en alcohol, se sentó en una silla descompuesta por el tiempo, suspiró profundamente mientras veía los primeros rayos de luz entrar por su ventana, en una nueva mañana que él no conocería. Inició entonces el complicado procedimiento, recordando al momento de hacer la incisión todos aquellos momentos de júbilo, rebosantes de alegría, en los que creyó tan a menudo estar soñando, aquellos momentos en que sólo le bastaba besarla para deslumbrarse con el brillo de sus ojos y descubrir que no se trataba de más sueño que de la realidad más burda e inconcebible, que ella era real, que todo aquello era real. Descubrir que se encontraba a su lado y que no hacía falta pedir ni buscar nada más, pues por un momento lo tenía todo, justo ahí, junto a él, mirándolo, analizándolo, evaluándolo, juzgándolo, pero queriéndolo; después de todo, cada vez que él creía estar soñando de nuevo y trataba de distraerse en cualquier detalle insignificante, trataba de olvidarse de ella por un instante sólo para ver si desaparecía de pronto, descubría con gran gozo que ella continuaba ahí, que no se iba, y que seguía observándolo con ésa lástima que él siempre ignoró.
Terminó la incisión finalmente y dejó descansar el bisturí sobre la mesa de roble ocre rescatada de alguna hacienda en ruinas, olvidada desde épocas de la revolución por quienes alguna vez la habitaron. Suspiró nuevamente con cierta melancolía y le dio otro trago al tequila intentando inútilmente ahogarse en el olvido, pero la música de mariachi y la sangre que rodaba por su torso y se escurría hasta sus tobillos sólo le hicieron recordar todo el dolor al que se sometió cuando ella lo dejó, sin querer realmente evitarlo.
Recordó lo mucho que se negó a olvidarla y a dejarla ir, incluso cuando ella le dijo que no quería verlo más. Le resultaba imposible creer que el amor pudiera irse así como así, que las personas pudieran dejar de querer de un día para otro. Pobre ingenuo, que poco sabía del amor, a pesar de creer saber tanto, pobre tonto que poco conocía a las personas, a pesar de intentar vivir toda su vida como un simple ser humano.
Recordaba con angustia aquella tarde en que estuvieron en su casa, cuando le propuso ver una película que en verdad tenía ganas de ver, por su muy particular fascinación por el género que caracterizó a ese director y lo consagró como “el maestro”. Aquella tarde cuando entre una caricia y otra logró arrebatarle aquel beso al inicio de la película, después de los créditos iniciales, y del que despertaron ambos sólo en el momento en el que el ambiente de aquel romance se vio interrumpido cuando ella se quedó pasmada al escuchar una tonada familiar.
Introdujo la mano en la herida y sintió el palpitar bajo su piel.
Desconcentrado por la forma en que ella pareció desconectarse de pronto decidió abrir los ojos, al tiempo que el beso cesaba, y fue en ese instante, con los labios aún enredados que ella suspiró hacia adentro, y él pudo ver el momento en el que sus ojos se abrieron un poco más de lo normal y parecieron salirse de sus órbitas hasta casi tocar los suyos, entonces le preguntó: qué pasó? – y ella exclamó pasmada: ya se terminó la película! -- .
Él rió hacia sus adentros, pues estaban ambos tan sumergidos en aquel beso tan apasionado que se olvidaron por completo de la película, y ésta terminó antes que aquella demostración tan auténtica de cariño. No podía creer que aquel momento fuera real, que el objeto de todos sus sueños y anhelos fuera real, que estuviera en ese momento compartiendo tiempo y espacio con él, y que se entregara de tal manera, pero por más intentos que hizo, no logró concebir aquello como un sueño, era tan real como el aire que respiraba.
Extrajo con gran esfuerzo el objeto de aquella cirugía casera, y dejó escapar un gran gemido de dolor. Intentó tomar con su mano izquierda la botella de tequila pero le faltaron las fuerzas para sostenerla y sólo pudo verla caer lentamente hasta estrellarse con el piso de mármol negro que cubría todo el departamento, al tiempo que recordaba aquella trágica tarde, aquel último momento en que estuvieron juntos, cuando él supo que todo había terminado y ella decidió engañarlo y jugar con sus sentimiento una vez más. Aquella tarde en que de pronto sintió que no la vería más y no pudo evitar sentir la mayor tristeza de su vida; aquel momento en que ella notó su pesar y le preguntó tiernamente: qué tienes? --.Él se dio cuenta en ese momento de lo vulnerable y transparente que se había vuelto ante ella, pues ahora ella lograba ver sus sentimientos, era consciente de su estado de ánimo; y a pesar de que él intentó negar que algo le angustiaba enormemente, ella insistió con la certeza de que algo no andaba bien. Y fue tanta su insistencia que él acabó dándose por vencido y finalmente le confesó: es que…siento que no me quieres… --. Ella se ofendió con aquel comentario y fue tal su indignación, tal vez por lo transparente y vulnerable que ella era, que intentó desmentirlo y se lanzó sobre él con el más tierno y apasionado beso, con tanta fuerza y entrega que incluso le lastimó los labios. Al terminar lo vio fijamente a los ojos, hasta lo más profundo de su alma, como sólo ella sabía, y con el mayor desden y la mirada más desafiante le cuestionó: eso es no quererte?...
Sobra describir la alegría que él sintió, la seguridad que le inyectó, la angustia que le borró, el miedo que en ese instante perdió, lo amado que se sintió, tan gratamente correspondido.
Al día siguiente, sin más, ella lo dejó, le dijo que nunca le había querido, y que no quería saber nada más de él.
Él no tuvo la oportunidad siquiera de verla mientras le decía estas cosas, de intentar hallar en sus ojos la verdad, no mereció jamás una explicación, nunca la tuvo, y jamás entendió. Sólo había una forma de saber si aquel amor había sido real, pues incluso llego a dudar que ella existiera en realidad, tal vez solo había sido un invento de si imaginación.
Comenzaba a perder toda sensación, los pensamientos dejaban de fluir, la pena comenzaba a cesar al serle casi imposible construir un recuerdo, su cuerpo se desplomó sobre la mesa y sintió como la temperatura comenzaba a descender, el palpitar de su mano derecha lentamente se extinguía junto con su vida, que fluía por el suelo de mármol negro formando una laguna de sangre y tequila.
Hizo un último esfuerzo y levantó la mirada hasta que logró enfocar el objeto que su mano derecha sostenía con fuerza, objeto de aquella cirugía casera auto-practicada, y en un suspiro final logró esbozar una sonrisa en su rostro.
Tras un par de horas los vecinos hallaron insoportable el volumen de la música y llamaron a la policía, quienes agotaron su paciencia intentando obtener respuesta desde el interior del departamento, y tras mucho patear la puerta acabaron dándose por vencidos, pues por más que trataran, la puerta parecía no estar dispuesta a ceder a su fuerza, de modo que terminaron por llamar al cuerpo de bomberos, quienes hicieron uso de su equipo y herramientas para forzar la entrada.
Cuando finalmente lograron abrir la puerta del departamento, descubrieron la razón por la que les fue tan difícil acceder. El acceso estaba completamente bloqueado por muebles que se apilaban formando un gran muro de contención, libreros, sillones y mesas dificultaban el paso incluso después de que la puerta había sido reducida a astillas. Al cabo de unas horas se las ingeniaron para abrir camino, pues por lo estrecho del corredor no había mucho espacio para maniobrar el desalojo de los muebles, apenas y lograron crear un túnel a base de hachazos para que un miembro del cuerpo de bomberos ingresara al departamento. Al llegar a la estancia se dirigía hacia el estéreo para ponerle fin al escándalo que los hizo acudir a tan temprana hora de la mañana, bastante molesto por la dificultad presentada al intentar entrar.
Pero quedó paralizado al descubrir con asombro el motivo por el que el ruido no cesaba, la razón por la que la puerta estaba bloqueada y nadie parecía responder en el interior del lugar.
El comedor entero se encontraba cubierto de un líquido escarlata que dejaba apenas entrever el mármol negro que cubría todo el piso del departamento. Sentado sobre una silla descompuesta por el tiempo, y recostado sobre una gran mesa antigua de roble ocre, seguramente rescatada de alguna hacienda en ruinas, olvidada desde épocas de la revolución por quienes alguna vez la habitaron, yacía el cuerpo inerte de algún desafortunado joven, cuyo líquido vital cubría gran parte del departamento, su vida debió fluir en ríos de vida y de muerte desde la incisión que dividía su pecho en dos.
Pero su sorpresa fue mayor al descubrir la sonrisa en el rostro de este joven, quien observaba fijamente su mano derecha, la cual sostenía con fuerza su propio corazón, en el cual, se leían como cercenadas a manera de cicatriz las iniciales “C.M.L”
"Por esto y por aquello
y por nada más"
-lags-


1 Comentarios:
Una crítica:
"wow, rifacional dude, neta, que no mames, muy muy bueno.RIFACION!!!
wey, se me hace que es tu mejor (queyo halla leido)
Tiene gore, tiene autobiografia, shout-outs para quien te conoce, tiene eso so you.
bravisimo, me conmovio la neta.
y sabor mexicano, tequila, piso de marmol. Muy muy bueno, lo lei con una sonrisa y una mueca de miedo a mismo tiempo."
*fun_gus
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